Cuando llegó Zidane, éramos muchos los que no acabamos de entender su llegada. No entendíamos como Florentino apostaba por alguien sin experiencia y que tampoco hacía nada nuevo con el Castilla. Yo fui muy crítico con él incluso viendo el buen color que empezó a coger el Real Madrid en su llegada. Cuando se le presentaba un partido complicado en el que iba por detrás, hacía cambios tardíos que no mejoraban el esquema que hasta el momento tenía. A veces, cuando eran necesarios cambios ofensivos, metía un lateral. Otras, en cambio, el cambio ofensivo que necesitaba el equipo lo hacía a partir del minuto 80. El Madrid tácticamente era nefasto, se libraba de muchas derrotas a base de individualidades. Lo que si empezaba a tener el equipo era esa garra de antaño, ese espíritu y esas ganas de darle la vuelta a los partidos. Y a ganas, nadie nos ganaba.

Aprender del maestro Ancelotti es una bendición que pocos tendrán la suerte de conseguir. Zidane tuvo la suerte. Zidane cogió conceptos. Cuando salía a rueda de prensa como, entonces, segundo entrenador, nos enamoraba. Eso es indudable. La tranquilidad que nos transmitía en los peores momentos nos embelesaba a todos los que sentimos a este equipo.

Y a día de hoy lo sigue haciendo, aunque haya mejores que peores momentos. Con sus palabras nos baja de la nube, nos recuerda que aunque el Real Madrid es el mejor club del mundo, el fútbol es caprichoso. No nos deja confiarnos ni si quiera cuando ganamos un título.

Ayer, depresión post-puente, se jugaba la vuelta de la Supercopa de España. Zidane volvía a sorprender dejando en el banquillo a Bale, Isco y Casemiro.

Salió el Madrid enchufadísimo, como siempre sale con el francés al mando. Un asedio constante al área del Barça hasta que ‘el niño’ Asensio volvió a tocar la varita mágica en forma de pierna izquierda para volver a hacer vibrar a toda una afición, a todo un estadio y otra escuadra más. Desde treinta metros, gloria bendita.

El Barça cada vez estaba más perdido. Zidane sonreía desde el banquillo, relajado. Sabía que todo eso era culpa suya.

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Culpa suya es que Messi, tapado por un excelente Mateo Kovacic, apenas tuviese protagonismo.

Como también lo es que Suárez, desquiciado por la defensa madridista, estuviese más pendiente de los duelos de contacto y el enfrentamiento con el público merengue.

Culpa suya es tener a todos los jugadores de tu equipo, estén en el banquillo o no, enchufados.

Como también lo es que Benzema baje a defender y robe balones iniciando contras.

O que Marcelo mejore cada día más defensivamente.

O que Varane haya vuelto a ser lo que fue con Mourinho.

O que Marco Asensio se sienta una estrella, y ejerza de ella. Porque lo es.

Culpa suya es que los madridistas no tengamos miedo a ningún equipo.

Como también lo es que los aficionados rivales nos tengan todo el miedo que a nosotros nos falta.

Culpa suya es que Gerard Piqué, que pocas veces se equivoca, no de pie con bola.

O que el equipo rival, en general, se sienta una marioneta a manos del Zizou Team.

 

Zinédine Yazid Zidane ha conseguido ser la envidia y el temor de Europa. Ha conseguido aprender de sus errores de principiante y el baño táctico que le hemos dado a este Barça en construcción y crisis post-Neymar (todo hay que decirlo) ha sido sublime. Presionando muy arriba y luchando hasta el último minuto, como demostró Carvajal pegándose un sprint de setenta metros en el 90 para defender una contra. Los cambios del nuevo Zizou ahora hacen que Casemiro le de estabilidad al equipo cuando peor estaba. Que Theo Hernández destroce una tras otra vez la banda derecha del Barcelona. Y que Dani Ceballos toque dos balones que rompan, una vez más, la defensa blaugrana cuando peor pinta tenía el partido.

Todo eso es mérito conseguido, mérito trabajado. Todo eso es mentalidad ganadora, de futbolista y de sabio. Todo eso lo ha ido aprendiendo mientras le aconsejaban gratuitamente o pedía el los consejos.

Estamos ante una nueva era. El ‘efecto’ Zizou va dejando huella. Un equipo sólido que combina el toque rápido y eficaz de Ancelotti, con las contras letales de Mourinho. Un equipo perfecto.

Gracias míster, en nombre de todos los madridistas, por hacernos soñar día tras día, aunque no nos dejes confiarnos ni si quiera después de ganar la supercopa:

“Hemos ganado dos títulos, pero la temporada va a ser muy larga y lo vamos a tener muy difícil”

 

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“Zidane, un genio que fabrica genios con ‘el efecto Zizou'”